Fanon estudió la sicología de los torturadores de Argelia. Hueso Bustamante, la sicología de los mercaderes y mecenas del arte en Argentina, dedicando un capítulo exquisito a los críticos profesionales.
Tanto en el torturador como en el mecenas, hay un carozo común que es el disfrute de hacer mierda a otro, sea buscando una información o un cuadro pintado.
Bustamente, que practicaba el ejercicio pictórico y que amaba a Modigliani, murió antes de cumplir 40 años, aplastado por uno de los autos que gustaba torear en las avenidas de Buenos Aires, bajo los efectos de un pedo negro.
sábado, 7 de enero de 2012
| [+/-] |
estudio que publicara Hueso Bustamente |
viernes, 6 de enero de 2012
| [+/-] |
Fotografía automática del homenaje a Santiago en el depósito de la calle Bacacay |
A Eduardo se le ocurrió: "¿Te parece que lo llevemos a Santiago a almorzar, nestos días, con motivo de las fiestas?". Mirá -dije conocedor de todo lo relativo a nuestro amigo peregrino- A él lo que más le gusta es el lechoncito asado".
"Cocinémosle uno entonces".
Santiago siempre amó a Patoruzú y cuando venían las fiestas se aparecía por el parque repartiendo sidra y pan dulce. El lechón, por fatalidad económica, siempre le fue inalcanzable.
Concertamos la ceremonia para el jueves a mediodía.
Le dije a Santiago que estuviera en mi casa a las once de la mañana. A las nueve de la mañana estaba plantado en la vereda: "Hace tres horas que estoy esperando" dijo cuando lo encontré al salir a comprar el diario. Subimos a tomar unos mates y a las once arrancamos para lo de Eduardo. En el camino comentó:"Estoy por cumplir ochenta años. Cómo pasa el tiempo".
El lechón estaba en sus inicios, a fuego lento. Servimos una picada de longaniza con queso. Santiago comentó: "Si. El lechón hay que hacerlo de a poco. Lleva tiempo".
A las doce Eduardo dijo: "A las dos y media comemos". A las doce y media, Santiago dijo: "'¡Uy! Este lechón va a estar para las seis de la tarde. Me voy Óscar, abrime" y caminó para la puerta de calle. Eduardo se extrañó "¿Qué pasa Santiago? ¿Te sentís mal?". "No. Quiero irme". Eduardo abrió la puerta y Santiago se fue caminando tranquilamente rumbo a la avenida Nazca, bajo un sol carbonizante.
Nosotros volvimos al lechón, sin asombro, aceptando la enseñanza del apóstol sin buscarle explicaciones.
A las dos y media el lechón estuvo a punto. Los confabulados en la protección de Santiago comimos la asadura porcina escabiando un rosé. Contamos películas, analizamos el oficio de encontrar objetos y libros inencontrables...
Al despedirnos, Eduardo dijo: "La próxima vez lo traemos a Santiago y comemos algo al toque". "Por supuesto".
"Cocinémosle uno entonces".
Santiago siempre amó a Patoruzú y cuando venían las fiestas se aparecía por el parque repartiendo sidra y pan dulce. El lechón, por fatalidad económica, siempre le fue inalcanzable.
Concertamos la ceremonia para el jueves a mediodía.
Le dije a Santiago que estuviera en mi casa a las once de la mañana. A las nueve de la mañana estaba plantado en la vereda: "Hace tres horas que estoy esperando" dijo cuando lo encontré al salir a comprar el diario. Subimos a tomar unos mates y a las once arrancamos para lo de Eduardo. En el camino comentó:"Estoy por cumplir ochenta años. Cómo pasa el tiempo".
El lechón estaba en sus inicios, a fuego lento. Servimos una picada de longaniza con queso. Santiago comentó: "Si. El lechón hay que hacerlo de a poco. Lleva tiempo".
A las doce Eduardo dijo: "A las dos y media comemos". A las doce y media, Santiago dijo: "'¡Uy! Este lechón va a estar para las seis de la tarde. Me voy Óscar, abrime" y caminó para la puerta de calle. Eduardo se extrañó "¿Qué pasa Santiago? ¿Te sentís mal?". "No. Quiero irme". Eduardo abrió la puerta y Santiago se fue caminando tranquilamente rumbo a la avenida Nazca, bajo un sol carbonizante.
Nosotros volvimos al lechón, sin asombro, aceptando la enseñanza del apóstol sin buscarle explicaciones.
A las dos y media el lechón estuvo a punto. Los confabulados en la protección de Santiago comimos la asadura porcina escabiando un rosé. Contamos películas, analizamos el oficio de encontrar objetos y libros inencontrables...
Al despedirnos, Eduardo dijo: "La próxima vez lo traemos a Santiago y comemos algo al toque". "Por supuesto".
jueves, 5 de enero de 2012
| [+/-] |
Con el Zoólogo, el autor de la Epístola vampírica. |
Foto que -curiosamente- estaba en poder de Eduardo Orrenstein. Es una de las pocas en las que aparece el Zoólogo, tal vez la única. Es de -más o menos- 1978- cuando en esa época Chacho hizo un viaje a Rosario para curiosear una casa con duendes. Desde aquella estadía me escribió una larga carta explicándome el vampirismo considerado desde el dualismo gnóstico. Carta que motivó la "Epístola Vampirica" que ilustró Alberto Breccia y que se publicó posterior a las muertes del Zoólogo y de Breccia.
El Zoólogo me dijera: "Esto se lo lego a usted para que haga con ello lo que quiera". Cuando le dije que posiblemente lo iba a publicar, me indicó: "Entonces la carta fírmela como Frentisek Rozsa". Yo le puse "Francisco Rozsa" (Chacho).
Al Zoólogo le interesaba la difusión de las ideas, no los derechos de autor.
El Zoólogo me dijera: "Esto se lo lego a usted para que haga con ello lo que quiera". Cuando le dije que posiblemente lo iba a publicar, me indicó: "Entonces la carta fírmela como Frentisek Rozsa". Yo le puse "Francisco Rozsa" (Chacho).
Al Zoólogo le interesaba la difusión de las ideas, no los derechos de autor.
| [+/-] |
dos de pomelo y tres de naranja |
Si bien putear a los demás es putearse a sí mismo, el camino, el sendero, es único e irremediable. La Bestia de siete cabezas es el almacenero, verdulero o supermercadista que indaga su propia consecuencia, asumiéndose, preguntando ; "¿Qué más va llevar?".
En Ciudad de Méjico (1975) un policía en moto nos apretó a Mérida y a mí por una infracción de tránsito que habíamos cometido con el auto con placas californianas, de Mérida. El apriete cesó cuando le pagamos 10 dólares. Como despedida le dije al policía: "Ahora nosotros vamos a ir al cine". Y él, arrancando su moto grande, con su casco duro y su risa de dientes blancos, nos saludó: "Por mi, vayanse a la mierda". A último momento el policía tuvo la sinceridad que el almacenero oculta.
Estos comportamientos caníbales parecieran tener una constancia científica cada vez más efectiva.
La boludez y la hipocresía, son como el cielo y el infierno. No existen pero se oponen el uno al otro sin saberse ni creerse.
Las cuentas claras se logran pagando los impuestos y tomando clases de uso de armas de fuego en Tiro Federal o academias particulares.
Pomelos y limones al escaner.
En Ciudad de Méjico (1975) un policía en moto nos apretó a Mérida y a mí por una infracción de tránsito que habíamos cometido con el auto con placas californianas, de Mérida. El apriete cesó cuando le pagamos 10 dólares. Como despedida le dije al policía: "Ahora nosotros vamos a ir al cine". Y él, arrancando su moto grande, con su casco duro y su risa de dientes blancos, nos saludó: "Por mi, vayanse a la mierda". A último momento el policía tuvo la sinceridad que el almacenero oculta.
Estos comportamientos caníbales parecieran tener una constancia científica cada vez más efectiva.
La boludez y la hipocresía, son como el cielo y el infierno. No existen pero se oponen el uno al otro sin saberse ni creerse.
Las cuentas claras se logran pagando los impuestos y tomando clases de uso de armas de fuego en Tiro Federal o academias particulares.
Pomelos y limones al escaner.
miércoles, 4 de enero de 2012
| [+/-] |
Soperopu de cachapoi: |
tinto López, granadina, hielo.
Copa mauricia del festejo antiguo, añoranza del ombligo invisible, del nudo extraterrestre,
oligaria forma de dudar o de no dudar respecto a la ejecución sumaria de los burócratas que mantienen calientes los colchones inflados a reventar dentro de alcancías gigantes.
Salutación a la población de turno que se turna haciendo una cola, una agrupación pornográfica de coleros que aprende el oficio de vivir poniéndose detrás del último de la fila.
He ahí que entonces sucede la aparición del vejete risueño que se introduce de prepo en medio de la cola. "!Qué hace viejohijoeputa! La cola es allá, al final de todo!". El que se queja lleva toda una vida manteniendo su lugar en la interminable fila humana. "De aquí no me mueve nadie ¡Joder!" Ríe el anciano y usurpa el puesto de los que ahora quedan detrás de él, maldiciéndolo y deseándole muertes tortuosas (esto dura un tiempo relativo hasta que la indiferencia absorve la situación).
La cola no tiene fin ni principio. Allá en el horizonte al frente, se intuye que se llega a una ventanilla donde se identifica algún tipo de destino con sellados e inscripciones manuales. Pero no se sabe, porque personajes gordos y sudorosos que golpean bombos metálicos ensordecedores, no permiten a los coleros ir a curiosear.
Con el final de la cola no hay mayores dificultades... Uno se agrega al último lugar y luego paulatinamente van llegando más.
La cola no es eterna, pero dura mucho tiempo y en el durante se ejerce la prostitución, la lectura de manos y el punguismo.
Copa mauricia del festejo antiguo, añoranza del ombligo invisible, del nudo extraterrestre,
oligaria forma de dudar o de no dudar respecto a la ejecución sumaria de los burócratas que mantienen calientes los colchones inflados a reventar dentro de alcancías gigantes.
Salutación a la población de turno que se turna haciendo una cola, una agrupación pornográfica de coleros que aprende el oficio de vivir poniéndose detrás del último de la fila.
He ahí que entonces sucede la aparición del vejete risueño que se introduce de prepo en medio de la cola. "!Qué hace viejohijoeputa! La cola es allá, al final de todo!". El que se queja lleva toda una vida manteniendo su lugar en la interminable fila humana. "De aquí no me mueve nadie ¡Joder!" Ríe el anciano y usurpa el puesto de los que ahora quedan detrás de él, maldiciéndolo y deseándole muertes tortuosas (esto dura un tiempo relativo hasta que la indiferencia absorve la situación).
La cola no tiene fin ni principio. Allá en el horizonte al frente, se intuye que se llega a una ventanilla donde se identifica algún tipo de destino con sellados e inscripciones manuales. Pero no se sabe, porque personajes gordos y sudorosos que golpean bombos metálicos ensordecedores, no permiten a los coleros ir a curiosear.
Con el final de la cola no hay mayores dificultades... Uno se agrega al último lugar y luego paulatinamente van llegando más.
La cola no es eterna, pero dura mucho tiempo y en el durante se ejerce la prostitución, la lectura de manos y el punguismo.
martes, 3 de enero de 2012
| [+/-] |
construyen casas para ganar dinero |
He ahí que coincido con particulares y no particulares en que el entorno apreciado y sentimental, ha cambiado para mal y que el barrio de Flores (por ejemplo) no es lo que era hace setenta años.
No me animo a analizar consecuencias.
Wilde escribía "Buenos Aires hace 70 años" y transmitía una nostalgia de lejanías perdidas, pero jamás una actualidad putrefacta de los días en que escribía.
Hoy somos miles de millones de profetas hipócritas que como dice Fernando Vallejo, jamás podremos cojernos entre todos como para quedar tranquilos. Por lo tanto los usuarios del planeta utilizan desodorantes y lanzallamas, ostentando culos famélicos y desagradecidos. Y no hay margen, pues hay gobernantes que gobiernan a gobernados. Jamás hubo que aceptar ésto, pero se aceptó por una mayoría de traidores a si mismos.
"¿Qué hacer?". Preguntaba Lenin... Eran otros tiempos.
Cuaderno Phillips. 1980.-
No me animo a analizar consecuencias.
Wilde escribía "Buenos Aires hace 70 años" y transmitía una nostalgia de lejanías perdidas, pero jamás una actualidad putrefacta de los días en que escribía.
Hoy somos miles de millones de profetas hipócritas que como dice Fernando Vallejo, jamás podremos cojernos entre todos como para quedar tranquilos. Por lo tanto los usuarios del planeta utilizan desodorantes y lanzallamas, ostentando culos famélicos y desagradecidos. Y no hay margen, pues hay gobernantes que gobiernan a gobernados. Jamás hubo que aceptar ésto, pero se aceptó por una mayoría de traidores a si mismos.
"¿Qué hacer?". Preguntaba Lenin... Eran otros tiempos.
Cuaderno Phillips. 1980.-
lunes, 2 de enero de 2012
| [+/-] |
Geometría memoriosa. |
Enrique Sheinshon está escribiendo sus memorias de galerista: haciendo la contabilidad sentimental de los artificios que giraron alrededor de su vida (el octógono).
Él y yo, económicamente adversos, manifestamos un carozo común cuando nos vemos: nos reímos el uno del otro. Como que de alguna forma anduviéramos en lo mismo. Seguramente en el artificio, en ese concepto tan peyorativo, fabuloso y cotidiano que disfraza y encara a la existencia. Existencia que melancólicamente nos excede. Entonces Enrique le da forma de libro impreso a su recuerdo.
Creo que todo aquel que hace algo semejante, en su borbotón creativo quiere descargar en los demás un cambio radical, quiere vencer la desilusión del joven Arlt ante la inutililidad de tanto libro editado, tal la intención del formuleo mágico, de la poesía, de la memoria impresa.
Sospechosamente, nos ejemplificamos a nosotros mismos y somos fundamentalmente humildes aunque evidenciemos lujos. La percepción del mundo que nos rodea es apabullante y ante eso nuestros discursos tienden al aburrimiento, al disimulo, a la modestia.
No hay caso, el protagonismo -la primera persona- es una trampa. Lo cito a Enrique para hablar de mi memorización.
Yo, a los demás, no le voy a dejar un libro de memorias, le voy a dejar un ropero lleno de repeticiones mal tecleadas, un "Interesante lote de papeles tipografiados a máquina. Ideal para sicólogos y talleres literarios (90 kilos de papel carta y oficio). Todo por $ 300", en Mercado Libre...
Esa destinación ya la ejecuté en vida, cuando a principios de los ochentas puse un aviso en "Segundamano" que decía: "Vendo interesante imaginería macabro-grotesca" refiriéndome a los artificios ("esculturas") que construía con mis manos por aquel entonces, derivando la autoría en personajes lo más fantásticos posible.
The Bedroom. Dame Laura Knight.-
Él y yo, económicamente adversos, manifestamos un carozo común cuando nos vemos: nos reímos el uno del otro. Como que de alguna forma anduviéramos en lo mismo. Seguramente en el artificio, en ese concepto tan peyorativo, fabuloso y cotidiano que disfraza y encara a la existencia. Existencia que melancólicamente nos excede. Entonces Enrique le da forma de libro impreso a su recuerdo.
Creo que todo aquel que hace algo semejante, en su borbotón creativo quiere descargar en los demás un cambio radical, quiere vencer la desilusión del joven Arlt ante la inutililidad de tanto libro editado, tal la intención del formuleo mágico, de la poesía, de la memoria impresa.
Sospechosamente, nos ejemplificamos a nosotros mismos y somos fundamentalmente humildes aunque evidenciemos lujos. La percepción del mundo que nos rodea es apabullante y ante eso nuestros discursos tienden al aburrimiento, al disimulo, a la modestia.
No hay caso, el protagonismo -la primera persona- es una trampa. Lo cito a Enrique para hablar de mi memorización.
Yo, a los demás, no le voy a dejar un libro de memorias, le voy a dejar un ropero lleno de repeticiones mal tecleadas, un "Interesante lote de papeles tipografiados a máquina. Ideal para sicólogos y talleres literarios (90 kilos de papel carta y oficio). Todo por $ 300", en Mercado Libre...
Esa destinación ya la ejecuté en vida, cuando a principios de los ochentas puse un aviso en "Segundamano" que decía: "Vendo interesante imaginería macabro-grotesca" refiriéndome a los artificios ("esculturas") que construía con mis manos por aquel entonces, derivando la autoría en personajes lo más fantásticos posible.
The Bedroom. Dame Laura Knight.-
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




