Hace años llegó a la librería, una señora flaca y vestida de negro que me encaró muy seriamente: "A usted quería preguntarle.... ¿Usted es el autor de estos muñecos, de estas... esculturas, verdad? ¿Cómo ha hecho usted para reproducir a personajes claves de mi familia? ¡Usted tuvo acceso al archivo iconográfico de mis parientes!... ¡¿Cómo hizo?! Ese archivo está guardado en la bóveda de un banco. ¿Quién lo dejó entrar? ¡Explíquese!". Le hablé de fortuitas coincidencias del destino y el inconciente colectivo. Le juré que yo no conocía su archivo familiar.
La señora de negro sacudió descreída, su cabeza. Dijo: "La verdad que no se que estoy haciendo aquí. Mi lugar es en una tumba de la Chacarita". Y se fue.
sábado, 2 de febrero de 2008
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Y nunca más volvió |
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Al son de los tambores |
Listo las lentillas de una dioptría y media, la manguera para enemas (e incendios) conectada desde la planta baja. Pareciera entonces inusitado que la vejez esté en plena efervescencia.
¿Quién espantó a la perdiz?
¡Qué extraño! ¡Recién estaba amaneciendo y ya es de noche!
Así, enajenando las muertes de los demás, uno es el que está muerto y sepultado hace añares, y sigue rompiendo las pelotas.
viernes, 1 de febrero de 2008
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El caso del dr. Gregorio y el sr. Bob Esponja |
Hace unos días te hablaba del dr. Gregorio. Aquel que en una institución siquiátrica, convirtieron en el señor Bob Esponja, curándolo de una sicosis galopante.
Por un tiempo Bob Esponja se reincoporó al medio social, lavando la vajilla de los demás, que se lo permitían hacer como parte de una labor-terapia pendiente del tratamiento hospitalario.
El Tiempo pasó y nuevamente el síndrome de Ibsen hizo presa de él, se le borró la sonrisa y apareció la mueca cauterizante: "Soy como Ibsen. Igual que él me vuelco al ejercicio literario y como él, vivo ganando premios de las loterías deste mundo".
Emprendedores sudafricanos, por Internet lo hicieron acreedor a un premio de 300.000 dólares. Para concretar la operación, primero mi amigo debía depositar en "un banco de primera línea", 300 libras esterlinas.
Abandoné al ilusionado ganador de 300.000 dólares en su fiebre irrebatible y me fuí unos días a Entre Ríos a pasear en surubí.
Las libras las iba a poner su madre, luego "un gran amigo" y finalmente se iba a ocupar de la operación su siquiatra. Durante el interín y en diálogo conmigo, Gregorio aceptó la posiblidad de la estafa, pero de todas formas: "Pienso que vale la pena correr el riesgo. Además si pierdo ese dinero, estaré ayudando a los negros sudafricanos". Yo le aseguré: "Mirá, si los sudafricanos son negros por alguna de esas carambolas de la vida, te garantizo que tienen el alma terriblemente blanca. Los que te están cagando son descendientes de colonizadores sajones que utilizan Internet para encontrar a alguien capaz de matar a su madre con tal de mandarles las 300 libras que a ellos siempre les van a venir bien, pues seguramente el mundo debe estar lleno de pelotudos como vos... Vos vas a terminar en la U2, la unidad policial del Borda".
Cuando regresé de pasear en surubí, la madre había pagado las 300 libras y ahora los sudafricanos le exigían el pago de 1.000 dólares en concepto de impuesto antiterrorismo, y los 300.000 dólares "ya estaban a disposición en un banco inglés de primera línea".
Las siniestras conversiones de mi amigo de 48 años, del apacible Bob Esponja al satánico dr. Gregorio, ahora tenían un novedoso aditivo. El dr. Gregorio no solo derramaba un vómito blanco y gomoso, sino que su cara reproducía las facciones del turístico surubí que venía de conocer en Entre Ríos, incluso me pareció que respiraba por el cogote. Tal vez alguien le había practicado una traqueotomía, no sé, la cuestión era que mi amigo espantaba. Pensé en algo drástico para curar su mal... ¡La estaca en el corazón!
Como si todo estuviera en orden, empecé a afilar el palo de una escoba y estaba en la plenitud de ese menester, cuando el mitad hombre, mitad surubí, repentinamente salió corriendo huyendo de mí. Viéndolo perderse por la avenida Independencia, lo primero que se me ocurrió fue arponearlo con la escoba, pero al verme rodeado de público imprevisto, aproveché la situación para barrer la vereda.
A la semana siguiente el monstruo reapareció y en apariencia predominaba el señor Bob Esponja sobre el dr. Gregorio, aunque mantenía rasgos de cara de pescado. Me dijo que había decidido no solo oponerse al pago del impuesto antiterrorista, sino que había decidido abandonar la relación que tenía con un joven travesti alemán-guaraní que había conocido por Constitución. Firme y solemne en esta posición, me dijo que estaba buscando dinero para llevar a una novia nueva a un hotel, entonces le junté unos libros de descarte para que fuera a venderlos por la ciudad.
miércoles, 30 de enero de 2008
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romance de súbditos y emperadores |
El dormir no es fácil por más cómodo que sea el instrumento de dormir. La felicidad inocente es patrimonio de la muerte, así el lecho mortal sea un escenario teatral o un tablado para picar carne.
El aire acondicionado o "condicionado" y las drogas con metáforas al servicio de los materialismos masivos, es vanidad y elogio de la mentira.
Calle contaba que cuando alguien intentó apuñalarlo, él impulsó su pecho para asegurarse que el puñal en cuestión le atravesara el corazón; y con pena agregó: "Pero entonces el cuchillo retrocedió". La puñalada se asustó de él.
lunes, 28 de enero de 2008
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hoy dan subgénero terror: vampiras lesbianas |
Compota compostelana del joven Alain Delon cuando la vida se guardaba negrita y cursiva.
Hoy, el viejo Delon es Julio César y en medio del cine electrónico, el emperador romano evoca futurismos que son patrimonios de la humanidad.
Cuesta un huevo y la mitad del otro desentenderse de las imágenes contínuas, asimismo los discursos lógicos putrifican-embellecen la pintura al óleo que no seca.
La Noche de Antonioni.
jueves, 24 de enero de 2008
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la condesa se fue al carajo |
La habitación es un pretexto porque los pretextos inundaban, incendiaban.
Antes de los textos, se enarbolaba la verga y se la hacía rasar primero noventa grados y luego ciento ochenta grados.
domingo, 13 de enero de 2008
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Castrar a la gatita |
El juvenil albañil serial, a sus 18 años descubrió que la sucesión de las relatividades se concatenaban de forma exultiva y mansa a la vez. Terminada su jornada laboral, elegía locales comerciales atendidos por mujeres que le resultaban pintorescas. Entonces las asaltaba mostrándoles un voluminoso diccionario de sinónimos, antónimos y parónimos, que asustaba a las vendedoras. Seguidamente el obrero se apoderaba de la recaudación del día y obligaba mediante modismos bailanteros a que la vendedora le practicara sexo oral.
Cerrada la experiencia, el joven se retiraba a la protección de su hogar y allí, rememorando su pasado inmediato, se masturbaba repetidas veces hasta conciliar el sueño. Al día siguiente, el contacto durante más de ocho horas con el cemento, la arena y sobre todo con la cal, lo predisponía mediante una erección irreductible, a un nuevo abuso sobre la propiedad ajena e iba a ello usando su verga en proa como brújula.
Un resbalón inesperado llamó a la recapacitación al sexópata. En una de sus incursiones, se encontraba en la culminación de una garganta profunda dentro de una abuela del barrio del Once, cuando el piso del local se hundió y la pareja cayó en libre caída dos metros interruptos. La señora se fracturó un pie y el albañil eyaculó hacía adentro produciéndole esto un schock espiritual no buscado.
El trabajador de la construcción huyó, entonces, mientras se acercaban los primeros curiosos, y a partir de ese momento dejó de practicar la violación diaria, conformándose con el puñeteo indiscriminado, dándole a sus incursiones orales, lapsos de hasta 30 días entre una y otra.
A principios de enero de 2008, se celebró el 19 aniversario del nacimiento deste muchacho.
Posdata: Una vez realizada la intervención quirúrgica, resultó que la gatita era gatito.