LA MANO QUE APRIETA

sábado, 7 de febrero de 2009

no es vanidad

Terminados los oficios del mate, un panadero (ese árbol que vuela, esa semilla orgiástica y santa) titilaba alrededor de la hornalla prendida y estaba por incendiarse.
Lo apantallé con la mano y con la armonía de sus filamentos me saludó sutilmente en el giro de viento que le hizo cruzar la ventana al exterior mayúsculo de edificios, polvo y decantaciones...

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