LA MANO QUE APRIETA

lunes, 12 de septiembre de 2011

o viño con meu pai

A mis cuarenta años, estuve internado más de un mes en el Centro Gallego, curando un neumotórax espontáneo.
Cuando volví a casa, mi padre -enfermo y cercano a su muerte- me sentó a la mesa, destapó un Vasco Viejo, y brindó un vaso de vino conmigo: "¡Bebe hombre!".

Foto de los primeros años de arribar mi padre a Argentina (1926)

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