LA MANO QUE APRIETA

viernes, 3 de septiembre de 2010

Juan Orol



Cuando arrivé a Méjico (1973), nesos primeros días, vi el estreno de "El fantástico mundo de los hippies" ("Con veinte hippies auténticos") filme de Juan Orol que se proyectaba simultáneamente en un montonazo de cines mejicanos. Me pasó algo similar que a Antonin Artaud cuando luego de ver una película en la década de los treintas (Supongo que la película sería de Orol) se maravilló del "surrealismo mejicano". Una pareja llegaba a Hon Kong. El hombre abría una ventana y le decía a la mujer con un fondo de música china: "Hong Kong a tus pies". Y la cámara siempre con la música china, mostraba con lujo de detalles la ciudad de Méjico de aquel entonces.
"El fantástico mundo... " me encantó. Trabajaba Orol haciendo de "director de la CIA" y al empezar la película le decía al público que "los hippies son una peste y tenemos que matarlos a todos". La irrealidad era una golosina durante todo el discurso fílmico, regada de absurdos y mal gusto... Me enloqueció. Valía la pena haber llegado a Méjico solo para ver esa película. A partir de entonces estuve atento a cuanta proyección de Orol sucedía en el Distrito Federal y vi unas cuántas... Inolvidables y sin desperdicio.
Supongo que por internet se pueden conseguir sus películas.
Orol fue un gallego nacido en El Ferrol un par de años antes del 1900. A los 6 años lo llevaron a Cuba y recaló en Méjico en 1916. Allí hizo cine desde la década del 30 hasta su muerte en 1988.

En el primer cuadro, Orol joven con su mujer. Me decían nel Distrito que Orol en sus películas, la protagonista femenina era la mujer que estaba con él (esposa), y él protagonizaba el rol masculino.
El segundo cuadro creo que es de una de las películas del cineasta que tuve la suerte de ver en cinematógrafo. Una historia de amor que sucedía en ciudad de mejico y Acapulco, a través de los años. Se notaba que todo lo de Acapulco lo filmó de un tirón y después lo recortó (montó) ha medida que pasaban las décadas del guión. Entonces los que estaban tomando cerveza, después de 10 a 20 años, seguían tomando la misma cerveza y pitando el mismo cigarro. Los protagonistas siempre aparecían ante el mar y se escuchaba el sonido de las olas, pero como filmaban en un estudio con arena. Armaron espuma de mar con agua y detergente, y acercaron esa masa espumosa (de unos entre 50 cms. y 1 metro de altura) a los pies de los amantes y mientras estos hablaban de amor, la espuma se mantenía sólidamente ocupando la mitad del cuadro como si fuera un tercer personaje, especie de alien metamorfo.
Lo terrible era cuando la situación pasaba de ciudad de Méjico a Acapulco, aparecía en blanco y negro una toma panorámica del mar de Acapulco con música caribeña y entonces del lado derecho entraba una lanchita a motor que tardaba dos o tres minutos en llegar al margen izquierdo. Entonces se cortaba la toma y los protagonistas aparecían con sonido de oleaje nel estudio arenoso y la montaña de detergente.
Como la panorámica aparecía cada vez que íbamos a Acapulco, el público empezaba a tirar la bronca "¡No! ¡Otra vez! ¡No!". Pero el gallego Orol era implacable, la escena se repetía inexorablemente hasta que a la décima vez, el público dejaba de protestar, aprovechaba para visitar el baño, rascarse las pelotas y luego volver para escuchar las pelotudeces grabadas en la banda sonora.

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