
Tal vez hoy el diario traiga lo que tengo que saber. O quizás, como dijera en algún momento Rabito, mi única posibilidad de conocer la realidad será viendo cine.
Empieza el día y tengo un efímero resfrío que me permite saludar con destellante estornudo este inicio.
La escultura del futurista Boccioni no venía con el diario de hoy, estaba en el disco rígido.
martes, 8 de diciembre de 2009
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día novo |
domingo, 6 de diciembre de 2009
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arcilla |

Blando y duro es una forma de identificar la electricidad actual, separarla en dos ramajes que interactúan y resuelven en minutos lo que antes podía demorar años.
Mi concepto de blando y duro proviene de la manipulación del papel maché.
En los dos carozos, la lógica y la matemática desparraman posibilidades que se concretan en artificios.
sábado, 5 de diciembre de 2009
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charla inútil. |

Ayer charlaba sobre el arte fotográfico con una visitante de la librería. Le dije que la fotografía buena, "genial", prescindía de las cámaras costosas y completas. Que éstas en su monocordia, incluso producían fotos "chatas". Quel secreto de la buena fotografía residía en la sintonía predispuesta del fotógrafo con la iluminación, el diafragma y la velocidad. Todo incorporado en un solo Clic o también, la realidad del error como esperanza de lograr algo".
La visitante dijo estar de acuerdo y se fue prometiendo volver.
jueves, 3 de diciembre de 2009
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Dela terraza de la calle Chile. |

Por aquelos anos, cando eu era neno, el alemán Widell, inquilino del tercer piso, agradecido por los servicios de mi padre, le regaló una antigua fuente italiana de piedra.
Mi viejo, rápidamente la instaló en la parte trasera de la terraza adonde vivíamos, delante de los maceteros con árboles frutales y en medio del gallinero aéreo, en el que los gallináceos se creían cóndores y se suicidaban arrojándose desde las monumentales alturas de aquellos siete pisos.
Tiempo más tarde el señor Widell se vació la cabeza de un balazo (dos balazos, porque usó un arma automático que siguió disparando mientras el dedo estuvo apretado) y otros inquilinos le pidieron a mi padre que interrumpiera el abastecimiento de agua de la bella fuente italiana, y que deshiciera el gallinero. A poco de la caída de Perón, los inquilinos compraron los departamentos que alquilaban y le dijeron a mi padre que "para los momentos libres" le iban a comprar un traje para que se mantuviera uniformado en la puerta de entrada del edificio. Mi padre les contestó: "Antes muerto que payaso" y nos vinimos a vivir a Flores, y la bella fuente italiana quedó en la terraza.
miércoles, 2 de diciembre de 2009
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Fotografía proveniente del edificio de la calle Chile. |

La instantánea es antigua, viene del interior de uno de los departamentos del edificio adonde mi padre era portero a finales de los cuarentas.
Los platos voladores eran visibles sobre el río desde la terraza de siete pisos.
El garaje estaba plagado de fantasmas que fumaban "Particulares"... Y en los departamentos los inquilinos enloquecían, se suicidaban, componían poesías, buscaban asilo y recato en la perversión y la melancolía...
Las puertas eran de roble y las escaleras de mármol...
El ascensor: "Otis".
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Comienzos del último galeón azul. |

Ante el planteo de un sobrepeso inicial, tirar la tripulación por la borda era un recurso remanido.
Al sobrepeso se le sumaba un importe de memoria visual reducida por saturación.
Decíase entonces que el bajo presupuesto era cosa del Diablo.
Pero para Ingmar Bergman, Dios y el Diablo eran la misma mierda. Dos entidades que compartían en una mesa común, el banquete de un sorete humano.
O sea que el navío pese al sobrepeso, aguantó.
martes, 1 de diciembre de 2009
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los libros del Chile. |
El Chile era de juntar colecciones que salían publicadas semanalmente. Creo que adaptó esa costumbre después que tuvo sus dos hijas.
Aparte de juntarlas, las leía como cumpliendo un compromiso con el transcurso del tiempo.
Y llenó estanterías que ahí quedaron después de él.
Antes, en adolescencia y juventud, el caudal de libros era contínuo y abigarrado y también los leía íntegramente. Luego los vendía por la poca plata suficiente para alcoholizarse y sonreir.