la terraza siempre fue la misma. Estaba lisiada por que aunque fuera difícil de calcular, no era incalculable.
el Corsario Negro se asomaba a sus cornisas sin medir consecuencias ni peligros. La irrealidad era vertical y las sábanas flameaban escandalosamente.
miércoles, 16 de julio de 2008
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cine |
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cine |
Hace ya muchos años se hablaba de la importancia de los hermosos cromos impresos a fines del siglo XIX, sobre todo los motivos infantiles, o satánicos.
Sin embargo nada era comparable a la terraza lisiada, colmada de sábanas blancas secándose al sol.
lunes, 14 de julio de 2008
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mujercita automática |
Ella era la mujer de cualquiera. Chica fácil, era un misterio ontológico: su edad se perdía en la cumbre de los tiempos pero su aspecto era el de una putita automática instantánea. Me dijo, "ven a casa si quieres". Y a su casa me llevó mi socio comercial. Y mi socio se condujo en el habitat desta "Eva Futura", como dueño de casa, tenía llaves para todo, y una vez que apareció la fantasmagórica niña, mi socio saludó y me dejó a solas con ella. Se trataba de una mansión instalada en la ciudad hidroespacial de Kosice y el lugar en sí era un jardín sin límites. Ella parecía una vedette de espectáculo de revistas. Moviéndose cadenciosamente se recostó en una reposera y me esperó. Entonces fuí a ella y la lamí. Tenía gusto a carne humana y yo estaba asumiendo ese caudal de vericuetos, cuando ella saltó y sosteniendo sus tetas como dos tesoros valiosos, salió corriendo hacia lo que debería ser su dormitorio (arquitectura íntima). Quise ir tras ella, pero yo estaba desnudo y desde los balcones de las mansiones vecinas, una multitud de vecinos se asomaba a presenciar las sexualidades del jardín estirando los pescuezos, filmando y fotografiando. Tratando de esconderme de los curiosos resbalé en una catarata artificial (pudorosamente había vuelto a vestirme) y caí en un andén de ferrocarril. Hasta ahí, esperé ver a la vedette aunque fuera por arte de magia, pero no apareció. El que se presentó fue mi socio que instándome a entrar a un vagón, me preguntó picarescamente: "Y... ¿Qué tal?". "Fabuloso", le contesté, sin saber el destino del tren al que nos habíamos subido y que acababa de arrancar.
martes, 8 de julio de 2008
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bombilla |
La melancolía cotidiana se me agudizó ante la ausencia del silbido de la pava que hierve, que va a hervir o que ya hirvió. Sería que sería, el olvido es (era) un silbido. Como cuando Omar Viñole cabalgaba sobre un silbido simplemente humano, no metálico, no la explosión de la máquina de vapor. Romanticismo de la vaca lechera propia que pasta y muge en el balcón mientras la pava silva. Nada de eso. El fuego estaba prendido, pero la pava no había sido puesta sobre la ornalla.
Entonces: todos los océanos juntos, toda la parte terrestre que hace 4.000 millones de años se llenó de agua marina debido al enfriamiento global que licuó al hidrógeno y al oxígeno (0 que demoró ese tiempo en licuarse), permanece por un instante, quieto y liso (mar tremendamente calmo). Es un momento mágico que enseguida termina y silba.
viernes, 4 de julio de 2008
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solapa |
El vino sobre las teclas murmura calma. Lentamente la longaniza se traslada rectilínea sin comentarios y sin ofrecer demostraciones. ¿Quién se cree que es? Con su etiqueta al medio del cuerpo: falo, hez y grasa, enajena su origen pagano, su volátil rapidez mientras el vino suelda los circuitos y la comunicación vuelve a Masotta, en el suceder energético. De esta forma la espinaca sería cuestión problema responsabilidad del Estado.Los espectadores se comen la longaniza y lo hacen con apuro, sin ganas de repartir, a lo sumo confían en la solución homeopática. Paradójicamente: el vino se vuelca, no se riega.
jueves, 3 de julio de 2008
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otra cosa |
Páez aconsejaba, a sus hijos y a mí: "Siempre que te apuren, o estés atrasado para entregar un trabajo, hecháte a dormir".
El consejo del maestro Páez, si bien corresponde a otros tiempos tal vez menos conflictivos que los actuales, igual es universal. Tal vez hoy -como mampara, persiana- convendría recurrir a una dosis de Rivotril, para evitar, por ejemplo, una vigilia. Pues esa vigilia sería la antesala del Infierno. En cambio el sueño persiánico dispone el despertar mágico. El descubrimiento del nuevo mundo que estaba aquí en este mundo, como decían los pícaros Pauwells y Bergier.
Resolver eso permite trabajar mejor.